Argentina: la puerta de entrada
La administración argentina ha logrado lo que parecía impensable: una vía rápida hacia el mercado estadounidense. Al priorizar la alineación política y ofrecer garantías sobre recursos estratégicos, Buenos Aires ha conseguido «perforar» el Arancel Externo Común del Mercosur. Para Argentina, esto es oxígeno puro: acceso a capital y tecnología sin las trabas burocráticas del bloque regional. Pero para el vecindario, es el inicio de una carrera desigual.
Brasil: atado de manos y pies ante el «tarifazo»
La situación de Brasil es dramáticamente distinta y explica por qué el Mercosur cruje. Mientras Argentina recibe zanahorias, Brasil ha recibido el garrote.
La imposición de un severo esquema de aranceles («tarifazo») por parte de Estados Unidos a productos clave de la industria brasileña (acero, aluminio y manufacturas) ha colocado al gigante sudamericano en una situación límite. Hoy, Brasilia se encuentra, en la práctica, atada de manos y pies.
La lógica es implacable: con sus exportaciones bloqueadas por el muro arancelario estadounidense y viendo cómo su vecino y competidor (Argentina) obtiene ventajas, Brasil no tiene margen de maniobra. El gobierno brasileño se ve forzado a buscar un acuerdo similar casi a cualquier precio.
Ya no se trata de una elección estratégica soberana, sino de una necesidad de rescate comercial. Para levantar las barreras que asfixian a su industria, Brasil deberá flexibilizar su postura histórica de defensa del Mercosur y aceptar las condiciones del bilateralismo que impone Washington. El «sálvese quien pueda» ha sido inducido por la asfixia arancelaria.
Europa: la retirada silenciosa
Con Argentina cortándose sola y Brasil desesperado por negociar sus propios términos para aliviar sanciones, el acuerdo Mercosur-UE se convierte en una víctima colateral inevitable. La arquitectura técnica del tratado con Europa exigía un mercado común unificado. Con dos de sus socios principales (Argentina y Brasil) aplicando reglas de juego divergentes para complacer a EE. UU., el tratado europeo se vuelve inaplicable. Bruselas observa desde lejos, probablemente aliviada de no tener que rechazar el acuerdo políticamente, dejándolo morir por «imposibilidad técnica»
Paraguay: con objetivos fundamentales para ser el socio estratégico
En este torbellino, la posición de Paraguay requiere una lectura fría y pragmática. A diferencia de sus vecinos, la eventual ruptura del arancel externo abre una oportunidad distinta y quizás más lucrativa: la complementación regional.
Si Brasil y Argentina abren sus mercados a la competencia estadounidense, sus industrias locales se verán obligadas a bajar costos drásticamente para no desaparecer. Ya no podrán ser ineficientes. Y aquí es donde Paraguay se vuelve indispensable:
1. El Socio de Costos: Para que las industrias brasileñas y argentinas puedan competir con los productos importados de EE. UU., necesitarán trasladar partes de su cadena de producción a un lugar con menores costos impositivos, energéticos y laborales. Ese lugar es Paraguay.
2. Defensa del Libre Comercio Intra-Zona: La prioridad absoluta para la diplomacia paraguaya no debe ser buscar aventuras lejanas, sino asegurar que el libre comercio entre los miembros del Mercosur se mantenga intacto. Si se eliminan los aranceles externos pero se respeta el «arancel cero» interno, los regímenes especiales de Paraguay (como la Maquila y la Ley 60/90) seguirán siendo estratégicos.
El acuerdo EE. UU.-Argentina ha actuado como la punta de lanza que podría desarmar el viejo Mercosur político pero de sus ruinas debe surgir un Mercosur productivo más ágil.
Para Paraguay, la estrategia es clara: mientras los gigantes negocian con Washington, nuestro país debe consolidarse como el hub de eficiencia del Cono Sur. La oportunidad no está en cruzar el océano con costos de flete impagables, sino en ser la fábrica esencial que permite a la región seguir produciendo en un mundo de fronteras abiertas.
